#45 Cuento de Juan José Millás: Mi pierna derecha

Cuento de Juan José Millás
Juan José Millás

Mi padre estaba en el borde de la carretera, junto a su automóvil. Esperaba, con un bidón de plástico en la mano, que alguien lo recogiera. Yo iba en moto, con un casco que me ocultaba la cara. Me detuve junto a él sin identificarme.

–¿Te has quedado sin gasolina? –pregunté.

–Sí -respondió.

–Sube.

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#44 Cuento de Oscar Wilde: El hombre que contaba historias

El hombre que contaba historias, Oscar WildeHoy os traigo un cuento de Oscar Wilde sobre un hombre que contaba historias. Un cuento cuasi metaliterario en el que el genio irlandés, famoso por novelas como El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde y El retrato de Dorian Gray, libros de cuentos como El príncipe feliz y otros cuentos y obras de teatro como La importancia de llamarse Ernesto, nos ofrece una explicación de la tendencia del ser humano a narrar historias.

Una delicatessen de muy pocas líneas (el podcast con el cuento solo dura tres minutos) que gustará a niños y adultos, pues al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta leer y escuchar historias?

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#43 Los guardianes de mi hijo

niños felices photo
Photo by sasint (Pixabay)

Hoy no vamos a hablar de libros. Quería compartir con vosotros esta estampa que vivo cada mañana cuando llevo a “Chico” a la guardería. Es una estampa positiva sobre un mundo tantas veces denominado -con razón- cruel.

Nada más abrir la puerta, los niños corren hacia nosotros. Antes de que me dé tiempo a quitarle el abrigo, la bufanda y el gorro, el niño se ve asediado por sus compañeros, que lo riegan de besos y abrazos. “Lo quieren mucho”, me cuenta Patricia, la profesora.

Es una estampa única. Y ellos ni siquiera saben. No saben que está operado del corazón, no saben que las apneas le impiden dormir bien por la noche y que posiblemente haya que operarle en breve de vegetaciones. Ellos solo saben que es Chico. El único que aún no camina, el único que lleva gafas, el único que se arrastra por la clase como un ninja en una operación secreta. Ni siquiera les mueve la compasión o la solidaridad, que son inventos de adultos para sentirnos mejores personas. Lo único que saben es que el niño es todo sensibilidad, que agradece sus caricias con una eterna sonrisa y que él también se los come a ellos  con besos y abrazos.

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#42 Perder el tiempo

Pero no es Juan Ramón Santos un vendedor de paraguas; ni siquiera escribe sobre ellos, por más que yo coquetee con la idea de que Perder el tiempo es el mejor libro sobre paraguas jamás escrito. No es el paraguas lo que está desvencijado sino el ser humano; no es el viento quien nos vapulea sino los avatares del día a día; no es la lluvia un simple fenómeno atmosférico sino los fantasmas que nos acechan […].

Os invito a la lectura de este libro de cuentos: Perder el tiempo (De la Luna Libros, 2016). No os defraudará.

# 41 Recetas Literarias

Estoy encantado de presentaros mi nuevo proyecto: Recetas Literarias, que pretende unir dos conceptos: el de la cocina y el de la literatura. El objetivo es ofrecerle al lector varios platos literarios a la semana (un mínimo de tres), que puede ser un cuento, un microrrelato, un poema, un fragmento de un ensayo, una novela o un diario, etcétera. Los textos serán presentados como si recetas de cocina se tratase, con sus anotaciones preliminares, ingredientes, modo de elaboración y los datos del chef.

#40 ¿Debemos ser tolerantes con las faltas de ortografía?

tolerantes con las faltas de ortografía

Para muchas personas la buena ortografía no ha sido nunca una prioridad. No hay más que darse una vuelta por las redes sociales para sufrir la ligereza con la que algunos muestran al gran mundo sus deficiencias lingüísticas. Algo sorprendente, pues las redes sociales son, antes que nada, palabra escrita.  Podremos compartir en nuestro muro de Facebook deseos, frustraciones o reflexiones mediante vídeos o imágenes, pero la gran herramienta en Internet es, sin duda, la escritura. Y si esta es llamativamente errónea, el lector podría desviar su atención del contenido para centrarse en su agramaticalidad.

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#39 Leer alarga la vida. O eso dice Yale

Leer alarga la vida

Leer alarga la vida. Eso es al menos lo que revela un estudio realizado por la Universidad de Yale. Al parecer, leer tiene mayor influencia en la longevidad que el sexo, el dinero, los estudios académicos o la salud.

El estudio aporta conclusiones a priori tan positivas, que se diría fue encargado por Fomento de la Lectura. Y, sin embargo, a mí me ha dejado mal cuerpo. Yo que me considero buen lector comienzo a pensar si sería buena idea dejar de perder el tiempo entre libros teniendo en cuenta que corro el riesgo de vivir dos años extras. Veamos: ¿vivir es un gozo o es un sufrimiento? En este último caso, dos años más de vida equivaldría a dos años más de lamentaciones.

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#38 Chico, tres años de amor

Hoy es un día muy especial para mí: Francisco “Chico” cumple tres años. Aprovecho la ocasión para leer un fragmento de un diario que escribí para contar a tiempo real, por así decirlo, mis impresiones sobre la paternidad. Una paternidad complicada: Chico vino al mundo con el síndrome de Down y una cardiopatía severa. Ese diario, que en principio escribí con intención terapéutica, acabó siendo publicado en la editorial Tolstoievski (2016) con el título El Diario Down.

#37 “Eleazar o el manantial y la zarza”, de Michel Tournier

Como si de un western se tratara, Eleazar ha de cruzar las vastas extensiones del oeste americano subido a una carreta conducida por sus caballos. Pero Eleazar o El Manantial y la zarza, de Michel Tournier, está lejos de ser una novela del oeste, pese a que blancos aventureros e indios exploradores no faltan. La novela narra un viaje, una epifanía en la que el cabeza de familia se cree una revisión de Moisés en su travesía por el desierto. Y como el propio Moises, él, Eleazar, un hombre pobre y modesto que ha elegido por esposa a una mujer tullida

#36 Cinco consejos que te ayudarán a mejorar tu nivel de redacción

Cinco consejos para mejorar tu nivel de redacción

Escribir con la máxima corrección y pulcritud es, a partir de cierto nivel, una cuestión de matices. He llegado a esta conclusión después de leer numerosos manuscritos y libros redactados con una prosa digna que acaban malogrados por culpa de errores comunes, fáciles de evitar. Ocurre, en estos casos, que la buena impresión inicial se resiente antes o después. Puede que el lector común –entiéndase las cursivas– no repare en estos pequeños errores, pero un lector avezado sí que se va a dar cuenta, y no va a poder reprimir un mohín de disconformidad. (Donde hay un buen lector siempre hay un gran censor y donde hay un gran censor siempre hay un mohín de disconformidad).

¿Pero de veras tienen tanta importancia los matices? Claro que sí. Supongo que habréis visto en alguna ocasión uno de esos concursos de patinaje artístico en los que el patinador o la patinadora de turno está haciendo una buena actuación y de repente sufre un ligero resbalón. Personas como yo, que no entendemos de patinaje artístico, tal vez lo pasemos por alto, o quizá percibamos el lapsus pero no le concedamos demasiada trascendencia. Sin embargo, el exigente jurado le va a rebajar nota por ese error, por pequeño que sea. Un error, ay, que puede costarle el campeonato. El escritor, como el patinador, se juega el éxito de su empresa en los detalles. 

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